GRAVE SITUACIÓN EN MENDOZA: Crónica de un final anunciado

«Estoy viviendo en carne propia lo que ha sido esta enfermedad, hasta el día de hoy estoy aislado. Estamos viendo el tsunami venir, hay que prepararnos. El virus nos está golpeando la puerta de la casa para entrar, no hay que dejar que entre. Sabíamos que la etapa más cruel sería para principios de septiembre, este mes puede ser el de los máximos contagios» (Diego Irigo, Director del Hospital Carrillo, en MDZ Radio, 3/9).

Mendoza superó ayer los 10.000 contagiados de Covid-19, una barrera que parecía inalcanzable hace apenas dos meses y que se precipitó por la explosión de julio y sobre todo agosto. Setiembre no trae buenas noticias, al contrario: ayer se detectaron 533 nuevos casos y en apenas cinco días ya acumula 2.775, más que los registrados hasta hace un mes y 27% de los 10.182 confirmados desde el 21 de marzo (Los Andes, 6 /9).

«En hospital Central, Lagomaggiore y El Carmen, la ocupación es de 100% más pacientes intubados en guardia. En otras palabras, el sistema de salud está absolutamente colapsado» (Mariano Antonio, coordinador de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Central, MDZ, 7/9).

Hasta hace una semana los medios de comunicación pintaban otra realidad. Pero, quienes estamos ligados a los trabajadores y los sectores populares, manejábamos otros datos y estábamos seriamente preocupados. Por ejemplo, en el Hospital Central solo se había testeado a una parte del personal en julio. Quienes tenían síntomas leves y medios, o eran sospechosos, se enviaban a su casa para aislamiento, sin testeos. El seguimiento y control de los enfermos era deficiente.

Uno de los testimonios recibidos: “Toda una familia en Las Heras se enfermó, les hicieron PCR y están en su casa sin monitoreo, no los llamaron nunca…, es más, el jefe de hogar no sabe cómo hacer para volver a trabajar porque no tiene quien le dé el alta.”

Otro de una trabajadora de la salud: “- Hola V. ¿cómo estás?, ¿trabajando? – Sí, está saturado, no se descansa trabajando todos los días con doble laburo. A los casos leves y medios los mandan a su casa porque no hay lugar y te atiende como el traste. – ¿y se cumplen los protocolos? – Nooo, trabajamos todos los días, sólo se descansa un día a la semana o dos, nada más. A mí nunca me hicieron el control, sólo barbijos usamos”.

Otra situación comentada por una empleada: “El shopping funcionando, hay muchos contagios, cuando aparece un caso lo mandan a su casa, desinfectan el local y al otro día los demás siguen trabajando”.

Esto sin entrar a detallar la situación desesperante de los comedores y merenderos sostenidos con un inmenso sacrificio de las organizaciones sociales, y en algunos casos cerrados por contagios, y en general sin ayuda estatal (salvo honrosas excepciones).

Durante agosto comenzaron a encenderse alarmas. El Gobernador Suárez manifestó algunas preocupaciones por la ocupación de las Unidades de Terapia Intensiva del orden del 75-80%. Sin embargo la orientación general del gobierno provincial, obediente a la estrategia política macri-cornejista, priorizó otras cuestiones y desestimó las recomendaciones científicas.

La curva de contagios y el estado crítico del sistema hospitalario comenzaron a hacerse evidentes hacia fines de agosto y en la primera semana de setiembre prácticamente colapsó. La situación es compleja y grave para todos, pero en especial para los sectores populares. Recordemos que ya a fines del año pasado la pobreza golpeaba al 42% de la población y al 50% de niños y adolescentes.

Lejos de las falsas sensaciones de “equilibrio entre salud y economía” emitidas desde el gobierno y replicadas hasta el cansancio por la mayoría de los medios (alineados por convicción ideológica, o estimulados por la pauta oficial), estos viraron el discurso durante la última semana y comenzaron a exigir responsabilidad a los ciudadanos mendocinos. De incitarlos a recorrer shoppings; a consumir en negocios, restaurantes y bares; de indicar destinos de turismo interno y apoyar aperturas; pasaron a sugerir “mejor quedarse en casa”; amenazar con “volver a fase 1”, etc. Durante todo este tiempo ocultaron prolijamente los reclamos justos de municipales, docentes y personal de salud; mientras difundían las marchas anticuarentena, y publicitaban el reclamo de funcionamiento de “los hoteles alojamientos, pero con protocolo”.

De una supuesta unidad nacional para enfrentar el coronavirus, que pareció predominar hacia fines de marzo y abril, se pasó a una durísima campaña mediática contra la cuarentena, llegando a difundir falsas noticias de todo tipo. Desde “Juntos por el Cambio” se comenzó a hacer responsable al gobierno nacional de usar la enfermedad de excusa para recortar libertades, de no atender la economía e incrementar la pobreza.

Con razón el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, dijo el pasado jueves 3/9 que “ Cornejo no ha planteado nunca una alternativa» a las políticas que critica, y que «la politiquería es una discusión que no va a llevar a ningún lado». También recordó que habían advertido a Suárez (y a otros gobernadores) del crecimiento de contagios.

Se ha llegado a embrollar tanto la verdadera situación, tensada desde ciertos sectores políticos y en la discusión mediática, que nos exige replantear el proceso real de la pandemia. Y lo hacemos claramente desde la situación angustiante de grandes barriadas populares, desde el sacrificio enorme del personal de salud, del esfuerzo de trabajadores de la educación y otros servicios esenciales, desde los trabajadores privados y los precarizados; y también desde los pequeños productores y trabajadores agrarios que sostuvieron la producción alimenticia; y desde las pymes afectadas por la grave parálisis económica.

Las causas de la pandemia

No es el objetivo de esta nota pero recordemos lo fundamental: las actuales enfermedades pandémicas no son desastres naturales, sino que se relacionan con el avance de la producción capitalista sobre todo lo existente, la cual se expande destruyendo todos los ecosistemas: grandes concentraciones urbanas, industrialización contaminante, cría intensiva de animales, apropiación de los últimos bosques primigenios, deforestación, agricultura industrial, monocultivo genético de animales domésticos. A esto se suma la intensificación de viajes y contactos en todo el planeta. Es un sistema de producción que explota a los seres humanas y destruye la Naturaleza.

Por lo tanto no son Fernández ni Macri, ni Suárez ni Cornejo, en cuanto personas, los inventores del virus ni lo esparcen. Pero enfrentan la pandemia de diferentes modos, con objetivos y prioridades distintos. La pandemia no debe “partidizarse” en términos de grieta absurda e irresponsable. Pero sí debe “politizarse” en términos del necesario debate sobre políticas públicas, las que serán acertadas o erróneas para enfrentarla. Y en general, las políticas de salud se corresponden con el enfoque ideológico y las políticas económicas o sociales que se tenían en tiempos “normales”: definirán como van a transitar la enfermedad quienes necesiten del sistema de salud.

El virus enfrentado a un organismo individual no pregunta si es macrista, peronista o de izquierda. Pero la evolución de la enfermedad dependerá de las políticas adoptadas y de las previas condiciones de vida, económicas, sociales y sanitarias.

El Aislamiento no es el culpable de la crisis económica y, aunque no evita que llegue la enfermedad, resultó la medida necesaria para retrasar la llegada del pico de contagios, dando tiempo para preparar y reforzar el sistema sanitario. No es correcto ni justo hacer politiquería barata como la de Cornejo que acusaba al presidente Fernández de “enamorarse de la cuarentena”.

Se planteó erróneamente un dilema entre economía y salud, cuando se trata de economía y de política y de salud. La realidad es compleja, abarca todas esos aspectos que plantean contradicciones y prioridades. Además la economía en abstracto no existe; cuando el macri-cornejismo plantea cuidar la economía se refiere a mantener los negocios de los grupos que “se la han llevado con pala”: capital financiero, terratenientes, agro-exportadores, hiper y supermercados, telecomunicaciones, grandes bodegas, etc. El parate económico no afecta por igual a una gran bodega que a los contratistas, pequeños viticultores, cosechadores u obreros bodegueros.

Abordamos la complejidad del problema desde la posición de salvar las vidas, y desde allí prestar los auxilios económicos necesarios, buscar los mecanismos para producir los bienes esenciales en la crisis, establecer y respetar protocolos para producir con seguridad, etc. El gobierno nacional, aún con limitaciones e insufciencias, tomó ese camino. El Gobierno provincial priorizó las ganancias por ejemplo de las grandes bodegas desentendiéndose de la suerte de los obreros “golondrinas”.

No hay sinceridad cuando se protesta contra los “170 días de cuarentena”, porque en Mendoza solo hubo cuarentena real un mes, y luego se fueron relajando las limitaciones y restricciones a las actividades y circulaciones, y prácticamente sin controles. Recordemos lo que pasó el día del amigo (20 de julio), y el día de la marcha opositora al gobierno nacional (17 de agosto). El diputado nacional De Marchi se mostró desafiante ese día cuando es uno de los responsables de Luján sin hospital.

Epidemiología simplificada para enfrentar las mentiras

Este gráfico publicado en Los Andes (6/9) muestra claramente la “disparada” de los contagios en los meses de julio y agosto.

Gráfico publicado en Los Andes (6/9)

Vamos a realizar un ejercicio sumamente simplificado de los números para que se comprenda la naturaleza del nudo más grave del problema: el número limitado de recursos y de personal de salud. Comenzando setiembre en Argentina se contabilizaban 500.000 contagios y 10.000 personas fallecidas. En Mendoza se orillaban los 10.000 casos y 150 muertes.

Lo preocupante pasó a ser la velocidad de crecimiento de los contagios. Al 26 de agosto en nuestra provincia había 5.585 casos (206 en personal de salud). Al 7 de setiembre se registró un total de 10.972, es decir que en 12 días se produjeron 5.387 nuevos casos. Se desprende claramente que el aumento de las actividades, las aglomeraciones, el descuido de normas mínimas, ha provocado la mayor circulación del virus, por lo cual también se aceleró la tasa de positividad: los testeos que daban positivo en un 22% de casos a comienzos de agosto, saltaron al 49% a fin de mes.

No hace falta ser epidemiólogo, sino observar con racionalidad y realizar unos simples cálculos, a grosso modo, para entender cualitativamente la gravedad del problema. En 15 días se producen la misma cantidad de contagios que en 4 meses. Haciendo cálculos redondos sobre 1,9 millones de habitantes, un 10% de contagios son 19.000 personas. Se estima que el 2,5% va a requerir atención en UTI, lo cual significa unas 475 camas. Según la información oficial el sistema cuenta con unas 330. Además las camas y respiradores pueden aumentarse más rápidamente que el personal capacitado para atenderlas. Las camas pueden resistir; en cambio las personas sometidas a meses de trabajo exigente y angustiante se enferman y mueren.

Las conclusiones son obvias. Es un virus de baja letalidad, pero muy contagioso, que requiere asistencia para un porcentaje determinado de enfermos La tasa de letalidad promedio del COVID 19 es del 2%. Pero si faltan camas, respiradores, o personal, es decir si hay déficits de atención la tasa se eleva. El número de contagios avanza más rápido que el número de recuperados, llevando a la saturación de los centros hospitalarios. En esa condiciones se produce el colapso del sistema sanitario, expresado en pacientes intubados en la guardia de un hospital, ambulancias recorriendo horas con pacientes a bordo para conseguirle una cama, o en aparición de protocolos que crudamente indican a quien atender y a quien dejar morir. ¿Era inevitable llegar a este punto? ¿O el erróneo cálculo “económico” de nuestros gobernantes lo provoca? ¿Hay equilibrio posible entre vidas por salvar, entre muertes evitables, y costos económicos?

Llegar a discutir la aplicación de este protocolo de prioridades, claramente, se bebe a la imposibilidad de tratar todos los casos, como si estuviéramos en situación de desastre natural o algún otro hecho imprevisible. Traducido a lenguaje de la calle, quiere decir que un adulto sano, tendrá prioridad en recibir atención frente a un adulto mayor, así como lo tendrá, según se entienda el concepto de “bien común”, un empresario o un profesional frente a un desocupado o un ama de casa.

Hubo decenas de voces (sindicatos, organizaciones sociales, partidos políticos) que advirtieron de la gravedad de la situación. El Gobierno respondió multando a sindicatos, golpeando y encarcelando, amenazando a la oposición, imponiendo su número en la Legislatura. Ni siquiera ha explicado con claridad en qué y cómo ha gastado los supuestos 3.000 millones de pesos volcados a la emergencia.

Es el único responsable de las políticas incorrectas que desembocaron en un sistema de salud colapsado, falta de insumos, pésimos cuidados hacia el personal de salud, precariedad laboral y salarios congelados.

Los sectores populares debemos discutir la política para decidir sobre nuestros destinos

En abril planteamos que era incorrecto el dilema “economía o salud”, “economía o política”, sino que se trataba de hallar una respuesta política a la pregunta ¿Quién paga los costos de la pandemia? Un gran debate político, que ya venía recorriendo la Argentina, se agudizó desde comienzos de marzo. Quienes controlaron el anterior gobierno nacional, que mantienen el poder en nuestra provincia, se opusieron y boicotearon todas las iniciativas que rozaran intereses de los sectores y grupos económicos poderosos del país y la provincia.

El Gobernador Suárez, en línea con el Diputado nacional y presidente de la UCR Cornejo, suspendió paritarias, congeló salarios, postergó pagos de aguinaldo, ignoró los pedidos de las organizaciones sociales, se negó a constituir un Comité de Emergencia. Ambos se quejan por la baja de la recaudación, culpando a las medidas de aislamiento, y se oponen furibundamente a un impuesto a las grandes fortunas.

El Diputado De Marchi, referente del PRO mendocino y ex intendente de Luján participó irresponsablemente de la marcha del 17 Agosto (¿reclamando libertad?) mientras los lujaninos claman desde hace años un hospital para su departamento.

El intendente de Las Heras, Orozco, destinó en julio 125 millones de pesos para remodelar la Plaza Marcos Burgos y alrededores, mientras colapsan los hospitales Gailhac y Carrillo, y la pobreza golpea alrededor de 100 lasherinos y lasherinas.

El intendente de Guaymallén, Iglesias, actúa como lobista del Mendoza Plaza Shopping, cuidando los intereses y negocios del poderoso grupo IRSA. Responde con la policía a los desesperados pedidos de auxilio de los comedores y merenderos de su departamento, y se desentiende del cierre de 8 centros de salud del departamento, dejando sin la mínima atención a un sector importante de la población, varios de ellos (Cnia. Molina, Cnia. Segovia, La Primavera, Jesús Nazareno) de zonas alejadas de los hospitales y centros de más complejidad.

El gobernador Suárez ha estado ocupado en cuestiones como la designación arbitraria de Teresa Day en la Suprema Corte; la reforma de la Constitución para “abaratar la política”; la modificación del Comité Provincial de Prevención de la Tortura; la apertura de los bares y restaurantes de la Arísitides Villanueva para exhibir un rostro de “normalidad”; etc. Todo esto mientras da la espalda a dos centenares de barrios, villas y asentamientos donde las necesidades sanitarias y alimenticias han crecido exponencialmente.

El jefe del radicalismo y aspirante a líder de la derecha argentina se pasea por los medios estimulando maniobras desestabilizadoras del gobierno nacional, propiciando medidas a lo “Bollsonaro” para enfrentar la pandemia, lo cual significa “que mueran rápidamente los que tengan que morir para encargarnos de nuestros asuntos”. Ha defendido públicamente a los millonarios de Argentina, incluyendo a empresarios corruptos y vaciadores, como el caso de Vicetín.

Los llamados a la responsabilidad individual no sirven si el Gobierno apunta para otro lado. Claramente ha fracasado la línea de privilegiar los negocios de los grupos económicos que sostienen al gobierno provincial por sobre las prevenciones sanitarias y la atención del 50% de la población sumido en la pobreza. O ha triunfado si ese es su objetivo no declarado. Es un enfoque que tiene por finalidad acumular riquezas a costa de la explotación y los sufrimientos de una mayoría. Es una minoría poderosa, indiferente e insensible ante la muerte de sus compatriotas.

Por estas razones, los trabajadores y el pueblo debemos tomar la política en nuestras manos y discutir el rumbo.

PROPUESTAS PARA UNA POLITICA PUBLICA EN MENDOZA QUE PRIORICE LA RESERVACION DE LA VIDA

El Gobierno nacional ha tomado al inicio de la crisis sanitaria medidas acertadas para ganar tiempo y auxiliar a los sectores más afectados. Pero son insuficientes, y se han detenido (caso Vicentín) o demorado (impuesto a las fortunas) ante la terrible presión del poderoso bloque de imperialistas, oligarcas, financistas, y monopolios.

Se requieren fondos necesarios para enfrentar el colapso sanitario, la crisis económica y la emergencia social. No pueden salir de los bolsillos vacíos de los trabajadores, sino de las grandes fortunas acumuladas en los últimos años.

SE REQUIEREN MEDIDAS URGENTES QUE SOLO PUEDEN PROVENIR DE LAS POLITICAS ESTATALES; PORQUE LOS DUEÑOS DEL MERCADO SOLO PRIORIZAN SUS GANANCIAS

* POR UN IMPUESTO DE EMERGENCIA NACIONAL Y POR UNA CONTRIBUCION EXTRAORDINARIA DE LAS GRANDES FORTUNAS EN LA PROVINCIA.

*AMPLIACION DEL SISTEMA HOSPITALARIO Y CAPACITACION DE PERSONAL

* PRIORIZAR LAS CONDICIONES DE TRABAJO Y LOS ELEMENTOS DE PROTECCIÓN PERSONAL PARA LOS TRABAJADORES DE LA SALUD.

* ASISTENCIA URGENTE CON ELEMENTOS DE HIGIENE Y ALIMENTOS A LOS COMEDORES Y MERENDEROS POPULARES.

* MEDIDAS DE RESTRICCION DE LA CIRCULACION, RESPETANDO DERECHOS INDIVIDUALES Y COLECTIVOS

* AUXILIO ECONOMICO A LAS PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS AFECTADAS POR EL CIERRE PARCIAL DE ACTIVIDADES.

* REDOBLAR TODAS LAS FORMAS DE SOLIDARIDAD POPULAR.

* ORGANIZACIÓN DEMOCRATICA DESDE ABAJO, EN CADA BARRIO Y LUGAR DE TRABAJO PARA ENFRENTAR LAS MANIOBRAS DE LOS GRUPOS DOMINANTES.

Escribe Carmelo Cortese

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