
Los trabajadores de viñas y bodegas lograron romper las pretensiones de las cámaras patronales de ajustar el salario de los obreros para seguir manteniendo sus superganancias a costa de la explotación y los peligros sanitarios de los trabajadores que fueron declarados esenciales para levantar la cosecha 2020 y 2021.
La organización por abajo logró arrancarle a la Federación un paro nacional de 48hs que fue desbordado por los trabajadores autoconvocados y delegados de base del FOEVA que con piquetes y bloqueos en las entradas de las bodegas garantizaron parar las líneas de producción.
La presión por abajo condicionó al sindicato que estuvo obligado a aumentar la propuesta inicial. A la vez, no generó las condiciones para que los trabajadores en sus asambleas de bodega terminaran de debatir la propuesta de aumento en cuotas.
La paritaria cerró con la firma de la Federación de un aumento del 62% escalonado, que se expresa de la siguiente manera: 27% de marzo a Julio (13% remunerativo, 13% no remunerativo y 13% en refrigerio); 55% de agosto a diciembre (27% remunerativo, 12% no remunerativo y 27% en refrigerio); 56% en enero (37% remunerativo, 15% no remunerativo y 37% refrigerio); y 62% en febrero (47% remunerativo, 10% no remunerativo y 57% refrigerio).
Si tomamos en cuenta que la propuesta inicial de las cámaras era un 28% escalonado, lo conseguido después del paro es un gran triunfo. A la vez, el aumento continúa siendo insuficiente y no alcanza al 100% que se exigía y que permitía equiparar el salario a la canasta familiar. Con el monto de la última cuota en febrero 2022 el sueldo inicial llegará a 51 mil pesos (era de 28 mil) en un año en que se pronostica una inflación del 40 al 50%. Los salarios de los trabajadores vitivinícolas son de los más bajos en la industria, mientras las empresas facturan millones en dólares. Si bien esta situación ha comenzado a revertirse, la brecha continúa siendo grande, por ejemplo un empleado de comercio llegará a febrero del 2022 a los 73.000. Por esta razón es muy posible que la lucha continúe y la situación pueda volver a encenderse en noviembre cuando se aplique la cláusula de revisión o tal vez mucho antes según como marche la situación.
Sin embargo, la principal victoria es la movilización de los trabajadores, la organización de base que se está construyendo y la experiencia acumulada que demuestra que si hay organización, unidad y lucha; se puede avanzar y ganar derechos.
La experiencia de este proceso de lucha recorre las bodegas, los trabajadores analizan el papel que jugaron las conducciones y comienzan a proyectar nuevas medidas de fuerza y nuevas formas de organización para convertir a los sindicatos en verdaderas herramientas de lucha y de resistencia.
El desborde de los obreros autoconvocados y los delegados combativos contó con la solidaridad de los obreros rurales precarizados que empalmaron con lucha salarial de los vitivinícolas en la pelea para que en Mendoza el Ministerio de Trabajo abra la inscripción del Programa Intercosecha por primera vez desde la sanción de la Ley. Los trabajadores de planta permanente, temporarios y precarizados y de otras actividades del agro, confluyeron en los bloqueos y en la histórica marcha del 31 de abril por las calles la ciudad de Mendoza.

La agrupación de Obreros Rurales “8 de Octubre” junto a los Cayetano reclamaron ante los ministerios de trabajo de Nación y Provincia por mejores condiciones laborales, por jardines materiales y por el alta automática de la AUH luego del fin de la temporada en la jornada de lucha por Techo, Tierra y Trabajo y por el Impuesto a las grandes fortunas el 17 de marzo. Esta lucha hoy continúa para que en cada departamento los Consejos Deliberantes pidan la ampliación del Intercosecha a otros cultivos de frutas y hortalizas.
La lucha de los vitivinícolas puso al descubierto la gigantesca desigualdad existente entre las hiperganancias de las bodegas y los sueldos miserables de los obreros. A la vez, ha significado un remesón para el conjunto de los trabajadores que vieron un camino para luchar por aumentos salariales que enfrenten la brutal inflación. Como dicen, nada volverá a ser igual en las bodegas y en las fincas. ¡Viva la lucha de los trabajadores vitivinícolas!














